Mi introducción al mundo de la moda no fue a través de pasarelas, revistas ni grandes marcas. Empezó, como empiezan las cosas que de verdad marcan, casi por casualidad, entre amigos, risas y tardes sin grandes pretensiones. Fue alrededor de 2015, cuando lo que más deseaba era que llegara el viernes para salir del colegio, comerme una hamburguesa de 1 euro en el Burger King e irme al centro de Barcelona con mi mejor amigo. Más concretamente, en el carrer Tallers, esa calle que por entonces era un pequeño templo para quienes buscábamos algo distinto. Allí estaban todas las tiendas Flamingo, donde la ropa se vendía al peso.
Recuerdo perfectamente las primeras prendas que nos empezaron a fascinar: camisas hawaianas llenas de estampados horribles, y las míticas chaquetas Carhartt, especialmente las Detroit Jacket, que por aquel entonces podías encontrar por menos de 50€. Hoy me parece casi irreal pensar que esos pequeños tesoros estuvieran tan al alcance de cualquiera. Aquel ritual de rebuscar entre perchas, de probar, de imaginar combinaciones, era para nosotros un juego. No había prisa, no había pretensiones, solo curiosidad y amor por las prendas y las historias que parecían contar.
Han pasado ya casi diez años desde entonces y aquel pequeño mundo, que para nosotros era perfecto, ha desaparecido. O mejor dicho, ha cambiado tanto que cuesta reconocerlo. Como todo en la moda y en este consumismo acelerado en el que vivimos, el universo del vintage también ha sido devorado por las modas, los algoritmos y la especulación.
Las tiendas al peso han dado paso a escaparates cuidadosamente seleccionados, donde las prendas “vintage” están tratadas como objetos de lujo. Piezas que antes encontrabas por azar, ahora se venden a precios desorbitados porque alguien ha decidido que son tendencia. Y las plataformas como Vinted, que nacieron para dar una segunda vida a la ropa, se han convertido en un mercado casi bursátil donde se compra y vende por pura especulación, no por aprecio a la moda ni a la historia de las prendas.
Y no me excluyo de todo esto. Yo también he caído en Vinted. Yo también he estado horas mirando, regateando, buscando gangas o dejándome llevar por el hype de según qué prendas. Al final, todos acabamos participando, de un modo u otro, en este juego. Es demasiado tentador.
El hype lo ha cambiado todo. Antes uno encontraba una chaqueta Levi's y la disfrutaba; ahora muchos solo ven el beneficio potencial. Se busca la exclusividad y la revalorización económica más que el amor por la prenda, su tejido, su confección o su origen. Eso ha matado un poco la magia de aquel ritual casi adolescente de rebuscar entre montañas de ropa, de no saber lo que ibas a encontrar pero confiar en que algo acabaría por sorprenderte.
Supongo que es un reflejo más de cómo ha cambiado la relación que tenemos con la moda, con el consumo y, en el fondo, con nosotros mismos. A veces pienso que no volveremos a vivir esa época en la que las cosas valían por lo que eran, y no por lo que alguien dice que pueden llegar a valer.
Y sin embargo, sigo buscando. Porque aunque ahora sea más difícil, la verdadera moda vintage nunca fue solo una cuestión de precios, ni de hype, ni de seguidores en Instagram. Era, y sigue siendo, una cuestión de amor por lo auténtico.
Pero también, y quizás sobre todo, por todo lo que significaban esos momentos: los viernes sin preocupaciones, las tardes con amigos, la emoción de encontrar algo especial y sentir que ese pequeño hallazgo nos pertenecía. No solo era la ropa, era amor por esa etapa en la que todo parecía mucho más sencillo.
Os recomendaría alguna tienda vintage que me gusta actualmente, pero creo que hoy no me apetece...
Un abrazo,
Jandro
bro voy a llorar. Muy top 🫡😭
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